-Negación - nos negamos a aceptar la evidencia de la pérdida.
-Rabia - A medida que asumimos que la pérdida es real, el sentimiento de impotencia te hace preguntarte POR QUÉ ÉL. Incapaz de manejar las emociones adecuadamente, te rebelas ante lo más próximo. Si no se expresa esa rabia, se puede transformar en dolores de cabeza, migrañas, falta de apetito..
-Negociación - podemos llegar a culpabilizarnos y desarrollar conductas que actúan como rituales, como actos de compensación. Si has sentido rabia e impotencia, buscas modos de canalizarla, hasta que comprendes que nada sirve para que te devuelvan lo que has perdido. Entonces surge propiamente la depresión.
-Aceptación - En esta fase toleramos la pérdida, valoramos el peso del azar y buscamos actitudes positivas que permitan el reajuste para adaptarnos a la ausencia de aquél a quien se perdió. A medida que nos vamos restableciendo de la pérdida, hacemos nuevos planes y sentimos que la vida merece la pena vivirse.
Fuente: Marga Muñiz "Cuando los niños no vienen de París"
Date permiso para estar en duelo, date permiso para estar mal, necesitada, vulnerable. Puedes pensar que es mejor no sentir dolor o evitarlo, con distracciones y ocupaciones. Pero al final el dolor saldrá a la superficie. El momento de dolerte es ahora.
Nada te ayuda, es un dolor tan intenso que te pulveriza.
En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es TOTAL:
es un dolor biológico (duele el cuerpo)
es un dolor psicológico (duele la personalidad)
es un dolor social (duele la sociedad y su forma de ser)
es un dolor familiar (nos duele el dolor de otros)
y es un dolor espiritual (nos duele el alma).
En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro.
Toda la vida duele......
